Crónica Transpyrenees Ultracycling 2020

Transpyrenees es una prueba de ultraciclismo en bicicleta de carretera. El recorrido va desde Llança (Girona) hasta San Sebastián por las carreteras de Francia (principalmente) y España.

En total, hay 7 días para completar los 1.017 km. de la prueba y subir los más de 27.000 metros de desnivel positivo repartidos en 40 puertos de montaña.

Esta prueba puede hacerse en modo individual o parejas. Chema, amigo y deportista, y yo, la realizamos en modalidad de parejas. Debido al confinamiento por la crisis del coronavirus, ni Chema ni yo, pudimos realizar las competiciones previas a modo preparación, ni tampoco realizar tiradas largas o nocturnas en los meses de marzo y abril, claves para la preparación.

Antes de contarte cómo fue cada día, seguro que te interesa saber cómo llevábamos las mochilas en la bici. La Transpyrenees también es una prueba de autosuficiencia, donde está prohibido recibir asistencia de familiares y amigos o reservar alojamiento antes de que se inicie la prueba. Por eso, debes llevar todo lo necesario desde la salida, sin pasarte ni quedarte corto.

Mi bicicleta y equipaje para los próximos días.

En total la bicicleta pesa 14 kg: 8kg la bicicleta y 6kg de mochilas.

  • Comida: 10 barritas energéticas, 8 geles, 1 bocadillo.
  • Mecánica: 3 cámaras de repuesto, bomba, pinzas desmontables.
  • Electrónica: Powerbank de carga rápida, cables, Garmin, luz delantera y trasera,
  • Vestuario: Chanclas, camiseta y pantalón corto para dormir, manta térmica, saco de dormir, cubre saco, maillot largo, chubasquero, gafas de sol, guantes de invierno, calcetines y camiseta de interior.
Foto: Instantes previos a la carrera, Arruire du Peloton Fotografia

Las últimas horas se hacen bastante pesadas. En la zona de briefing esperamos que caiga el sol para que, a las 21:00 horas, se dé la salida. A partir de ese momento, dejaremos atrás la costa mediterránea para recorrer de punta a punta los Pirineos.

“Se trata de hacer un viaje increíble, de encontrarte a ti mismo y conocer tus verdaderos límites. Sólo unos pocos pelean por la victoria, la mayoría se embarcan en el viaje para forzar sus límites, para marcarse una meta, perderse y volverse a encontrar.”

Camille McMillan, Transcontinental Race.

Etapa 1: Llança (Girona) – Tarascón: 293 km. 6.326 +

La primera etapa da comienzo a las 21:00h del sábado. Desde ese momento hasta San Sebastián, todo dependerá de nosotros: dónde, cómo y cuándo parar. Fuimos ambiciosos desde casa programando las rutas y aquí la prueba: queremos rodar sin parar a dormir casi 300km con más de 6300+ de desnivel.

La salida es bastante rápida y poco a poco conseguimos poner nuestro ritmo. Desde el km.5 hasta pasado el 60 tuvimos la conocida tramontana. Básicamente es un viento frío y turbulento del noreste con rachas de hasta 39 km/h. Por suerte, no es tan duro como esperábamos.

Los primeros puertos son cortos y sin grandes pendientes. Los pasamos rápido e intentamos recargar agua en casi todos los puntos que teníamos programados (¡gracias al gran trabajo de Chema!). Antes del amanecer ya habíamos subido y bajado los puertos de Frare, Belitres, Llagastera, Llauro y Fourfou. Aunque voy relativamente bien, las sensaciones no son las mejores en estos momentos. Quizás tantos cambios de temperatura o las paradas a quitar y poner ropa hacen que me cueste encontrar mi ritmo. También, cambié el desarrollo de los piñones la semana anterior, para intentar ir más cómodo en los puertos duros, pero para zonas medias y bajas no termino de encontrar el desarrollo correcto, o iba atrancado o me faltaban piñones.

Foto: Transibérica

Justo antes de que salga el sol conseguimos coronar el Col de Jau, un monstruo de unos 26 km de ascenso con casi 1250 metros de desnivel. Este puerto tardaré mucho en olvidarlo, ya que es mi primera gran crisis de la carrera. Lo he subido lento, no me notaba activo y me sentía cansado psicológicamente. Se me están cerrando los ojos del sueño y solo pienso en parar a dormir. Nada más llegar arriba, empiezo a tiritar por el frio, la niebla y la humedad. Veo a Borja e Igor. Borja, de ciclofactoria, conoce a Chema de ir a la tienda y rodar juntos en algunas ocasiones, e Igor, es un ciclista vasco con el que coincidimos en gran parte de la ruta. Hemos hecho gran parte de la noche los cuatro juntos a excepción de este puerto, donde me he quedado atrás con Chema, que ha ido animándome y evitando que me vaya al suelo, me estaba durmiendo.

Arriba, nos cambiamos lo más rápido que podemos e iniciamos la bajada, larga y con niebla. Por desgracia, no puedo decir nada de la bajada ya que no lo recuerdo. Justo a 1km de terminar y entrar en el pueblo de Roquefort me despierto. Si, me acabo de quedar dormido encima de la bici. Por suerte, a pesar del susto, al despertar no hago ninguna maniobra fuerte y puedo trazar la curva. Solo son unos segundos, suficientes para saber que tenemos que parar, si o si. Esto no entraba en los planes.

Col de Jau al coronar.

Entramos al pueblo tiritando de frio y damos una vuelta hasta que nos metemos en una especie de Leñero. En el suelo, nos juntamos bien Borja, Igor, Chema y yo. Son apenas unas dos horas donde dormimos del tirón. Nos despierta un niño y su padre. Nos preguntan cómo hemos parado aquí y nos ofrecen ayuda. Efectivamente, momento de crisis gordo. Nos dan leche caliente, té y galletas y nos preguntan sobre la carrera. En momentos tan difíciles, estos gestos dan sentido a la aventura. Terminamos de desayunar y padre e hijo nos acompañan hasta el final del pueblo para compartir algún km. juntos.

Igor, Chema y yo sentado, recogiendo las mantas. Foto de Borja.

A pesar de las horas tan complicadas que estoy pasando, creo que ya ha merecido la pena la experiencia.

Aunque psicológicamente estoy en el peor momento, la realidad es que nos encontramos en un pueblo en el que dudo que pasase un autobús un domingo. Y a casi 1000km de casa, no es un buen sitio para que vengan a recogerme. No queda otra que seguir. Que la inspiración te pille trabajando, decía Fito.

Acabamos de subir el Garabeil sin mucha complicación, para llegar al puerto del día: Pailheres. 16,7km al 7,1% de desnivel. El puerto es muy bonito. Se sube por varias curvas de herradura y vas viendo un paisaje muy variado, totalmente distinto a lo que estoy acostumbrado en Murcia. Sin pena ni gloria, pero disfrutando, hemos ascendido uno de los puertos más duros. Con un poco de abrigo bajamos al siguiente pueblo. Es casi la hora de comer.

Foto: cycleimage.

Justo antes de llegar al bar que teníamos visto, coincidimos de nuevo con Borja e Igor. 4 hamburguesas para 4 personas muy hambrientas. El Restaurant Bar Gîte d’étape, nos atendió muy bien para ser casi su hora de cerrar (14:50h).

Foto: Borja

Hoy toca hacer la digestión subiendo Pradel, otro puerto bonito, más estrecho, con muchas vacas y vegetación en cada orilla de la carretera. Estamos ascendiendo relativamente bien, aunque psicológicamente no encuentro de donde tirar. Necesito que se termine el día, pero aun quedan unos 80km hasta llegar a Tarascón (km. 290), pueblo donde queremos parar a cenar y dormir.

Cada vez me cuesta más. No he tenido buenas sensaciones en todo el día. Aun así, estamos coronando Sept Ferres. Junto a Borja e Igor bajamos el puerto y ponemos marchita cómoda para subir Marmare, un puerto muy asequible en comparación con el resto. Nos queda una larga bajada y un tramo muy largo de falso llano de bajada con la típica rampa que, después de 280km en el cuerpo, se hace durísima.

Por fin entramos en el pueblo. Tarascón. 292km. Más de 6300 metros positivos. 11 puertos. Nunca he tenido esta sensación de agotamiento psicológico. Parece que ya hemos hecho lo más duro y no llevamos ni un tercio de carrera. Ahora mismo no veo claro continuar.

Entramos al hotel. Ducha, llamadas y lloros. Por ese orden. Con la sensación de irme a casa en todo momento, bajamos a cenar. Hemos consumido más de 7.900 calorías. “Si no llenamos la barriga, mañana estaremos tiesos.” Allí coincidimos con parte de la organización. Nos cuentan que ya hay retirados y que la sensación que tengo es generalizada con otros corredores. Gracias a ese rato, la cabeza empieza a pensar en otras cosas y desconecto un poco del pesimismo de las últimas 18 horas. Pedimos otra pizza para desayunar al día siguiente y nos vamos a dormir. Mañana será otro día.

Etapa 2: Tarascón – Genes: 204 km. 5.391 +

Son las 5:30. Desayunamos una pizza que pedimos anoche. Arreglamos las mochilas en silencio. Charlamos sobre la ruta y los planes para hoy. En principio haremos entre 180 y 200km.

A las 5 de la mañana una pizza con pimiento no es lo que más nos apetecía, pero mejor eso que ir en ayunas.

En una cafetería de las afueras del pueblo encontramos a Igor y Borja desayunando, que después nos acompañarán en casi toda la ruta. Nosotros tiramos. Ayer iba un punto más lento y no me gusta que me esperen.

Empezamos el día subiendo el Col de Lers, un puerto de 25km de ascenso siendo los últimos 10km los más duros. Quizás el rodar al amanecer, empezando la ascensión tan progresiva e ir Chema y yo solos, hace que empiecen a aparecer las buenas sensaciones. La noche anterior me propuse el alto del puerto como un punto de inflexión. Si psicológicamente no estaba recuperado no seguiría. Todos queremos llegar a meta, pero es un sin sentido hacer más de 1.000km sin sentir nada positivo. Y sufriendo.

Pintada en el suelo en recuerdo a Poulidor, antes de coronar.

La suerte; subir uno de los puertos más bonitos de la ruta con muy buenas sensaciones. Acabamos de coronar. Nos tomamos una barrita, nos abrigamos y antes de bajar llegan Igor y Borja. Bajando en dirección al Col de Agnes oigo como algo cae de mi bicicleta, pero de un rápido vistazo no veo que me falte nada. Dos días más tarde descubriré qué es.

Unos km. más tarde, coronamos el Col de Agnes sin mucho problema, al igual que Latrape y Catchaudegue. En la bajada para subir los siguientes puertos, sobre el km. 80, perdemos un poco de tiempo. La digo a Chema de parar a tomar un café rápido, pero se alarga por un pinchazo en su rueda. El problema viene cuando descubrimos que los dos llevamos repuestos con boquillas para ruedas sin perfil de carbono. Y Chema ha venido con un perfil 50, lo que significa que no podemos darle aire porque no hay espacio en la boquilla. Tampoco se puede llenar antes y después colocar, ya que por la rigidez de la cubierta no entra tanta presión.

Vale, estamos jod**os. Y no poco. Ahora mismo no podemos continuar. Echámos un vistazo en Google Maps, en busca de tiendas de bicis cercanas. Aunque yo tenga que ir y volver, pero podríamos seguir. No hay nada cerca. Aparecen Jaume y Enekoitz, ciclista catalán y vasco que van en modalidad individual. Mientras intentan ayudarnos, miro a través de Dotwacher, aplicación para seguirnos a los corredores, y veo que varios ciclistas van a pasar por el pueblo donde estamos en un rato. Salgo a la carretera donde cruzarán y voy preguntando uno a uno. De momento nadie tiene.

En Alós, esperando a que pasase algún ciclista con una cámara para arreglar la rueda y poder continuar.

Por suerte, aparece una pareja de alemanes con la rueda idéntica a la de Chema. Ellos llevan adaptador, por lo que hacemos un cambio, una por otra, para no dejarlos tirados. ¡¡Menuda alegría!!

¡Gracias Martin Makkenze y Freek Kuiperi!

Gracias a la solidaridad de Freek y Martin podemos seguir en ruta.

Una hora después y algunos puestos perdidos iniciamos la subida al Col de Portech, de unos 8km al 8% de media, casi nada. En mitad de puerto doy la bienvenida a mis tradicionales problemas estomacales. En este caso, una pequeña acidez sin importancia que me acompañará durante todo el día. Una vez arriba, ya estamos pensando en subir Portet d´Aspet, un puerto exigente pero muy bonito, clásico de las rutas francesas. Creo que la parada al pinchazo que en un principio veíamos como una pérdida de tiempo, en realidad nos está viniendo bien. Parece que vamos más alegres, con menos fatiga, y eso que ya estamos acercándonos al km. 100 de la etapa de hoy..

Una vez coronado el puerto, paramos a comer en unas mesas que hay justo al lado. Martin y Freek están en la mesa de al lado haciendo lo mismo. Una pena que no haya un bar cerca, para poder invitarles a modo de agradecimiento.

Los siguientes puertos del día son Buret y Ares. Ahora mismo llevamos unos 130km, que junto a los 292km del día anterior, empezamos a notar las piernas cargadas. Aunque no lo he mencionado, estoy disfrutando mucho de la ruta, las sensaciones han mejorado mucho. No me encuentro en ese estado de flow propio de la competición pero creo que con tantas horas de actividad, el reto es ser psicológicamente estable.

En los puertos de Buret y Ares me doy cuenta que estoy bien, especialmente rodando y en puertos sin grandes pendientes (como casi todo el mundo). Ahora mismo, para terminar el dia, solo nos quedan dos, ascensos los que se han subido este año en Le Tour de France: Bales y Peyresourde. A los pies de Bales paramos en varios pueblos para comprar algo de comida. Todo cerrado. Sin excepción. A los pies de Bales todos los bares cerrados. El día anterior porque era domingo, y los de hoy, porque es lunes (17:00 h.) Por suerte hay fuentes para recargar agua.

Vamos a empezar a subir Bales (19km al 7%, siendo los últimos 10km los más duros) con Enekoitz, José y Jaume, este último se retira antes de iniciar la subida por problemas en la rodilla. A Chema también le esta dando problemas y está levemente inflamada. Esperemos que no vaya a más. Ahora mismo nos estamos enfrentando a uno de los puertos más duros de la carrera y con porcentajes tan altos de desnivel, que se me empieza a hacer bola el puerto, el día y la carrera. ¡Transpyrenees que dura eres!

Subiendo Bales. Chema y yo. Foto de Enekoitz.

Decido no pensar mucho, tampoco puedo quedarme a mitad de puerto a vivir, así que vamos para arriba poco a poco. Por suerte, estos últimos kilómetros nos regalan unas vistas espectaculares, las que solemos ver en el Tour de Francia y que tanta envidia dan.

Poniendo buena cara para la foto 😉 Gracias Enekoitz
Foto PtiClaudePhoto.

Atardece mientras coronamos. Tenemos la opción de desviarnos de ruta en la bajada e ir a Bagneres de Luchón para dormir, pero no tenemos nada reservado y casi todo está lleno según Booking. Encendemos luces de la bici y decidimos seguir el plan y subir Peyrosurde. Un bonito puerto que ascendemos y coronamos de noche, a oscuras, una pena, pero quizás es lo mejor para los próximos días. Un puerto más. Un puerto menos.

Bales: Coronado. Un poco más cerca de San Sebastián.

Ya arriba, con frío y cansancio, bajamos con idea de buscar algún sitio para dormir en la calle por Genès. Estamos sobre los 10ª-15ª. Y aquí se obra el milagro. En una pizzería de la bajada está Borja, Bruno y Enekoitz cenando. Ellos van a seguir un poco más, nosotros hoy no podemos más. No quiero que me pase lo mismo de la noche anterior y Chema lo ha pasado muy mal subiendo este último puerto. Obligatorio parar.

Gracias a Chema y su francés, nos enteramos que es un restaurante-hotel. La dueña dice que todo está lleno y le pedimos, previo pago, que nos deje algún sitio para dormir. La cara se le ilumina y por 15€ cada uno dormimos en el sofá del salón del hotel con una manta limpia y sin frio. Puede parecer caro, pero pensando que íbamos a dormir en el suelo a uso 10º, creo que es barato. Cenamos unos raviolis y un café con leche. Hay que recargar las más de 6.000 calorías consumidas. Aquí termina el día, después de coronar 10 puertos en algo más de 200 km. y casi 5.400 metros de desnivel. Ponemos a recargar las baterías y dormimos. Mañana más.

Etapa 3: Genes – Pierrefitte: 131 km. 3.663 +

En las dos etapas anteriores tuvimos alguna que otra crisis. El primer día yo en el Col de Jau y ayer Chema en Peyresourde. Aun no sabemos que nos deparará esta tercera etapa, todo puede ir a mejor y a peor. De momento, ya habíamos superado el 50% de la ruta en dos días, pero anoche acordamos terminar en cinco días. No hubo que negociar por ninguna de las dos partes, realmente, quedaban muchos kilómetros y puertos por superar y no queríamos rodar por la noche ni llevar el cuerpo al límite (más aún). Tampoco queríamos hacer seis días, por lo que más o menos, la idea estaba clara. La idea. Porque la realidad es otra una vez que te pones a dar pedales. Puedes programar muchas cosas desde el sofá. Cuando te pones el mismo culotte tres días seguidos, la cosa cambia.

Nos levantamos, aseamos, vestimos y empaquetamos. Salimos del restaurante-hotel sobre las 5:30 de la mañana. La rapidez en preparar las mochilas y empezar a rodar no ha sido nuestro fuerte durante Transpyrenees. Curiosamente, cada día tardábamos más, con lo feliz que está uno durmiendo y lo que cuesta empezar a rodar antes de que salga el sol. Nos ponemos en marcha bajando la parte que nos quedó ayer del puerto y en menos de 15 minutos ya estamos subiendo Val Louron. Hoy desayunamos unos 8km con una media por encima del 8%. Un puerto que tiene lo mismo de bonito que duro. Empiezo a notarme bastante bien hasta que en el km 2 de ascenso, la rodilla de Chema no da tregua. Parecía que con el descanso de anoche había mejorado pero en cuanto la pendiente ha subido, el dolor aparece. Chema lo está pasando mal. En los puertos con grandes rampas suele ir mejor que yo y esta vez es al revés. Kilómetro a kilómetro, curva a curva, logramos coronar el primer puerto del día, pero, ni por asomo, era como teníamos planeado.

Val Louron y sus habitantes, algo muy común en la mayoría de puertos. Foto de Alain Ducamp

Dada la situación, no tenemos otra opción que parar en Saint Lary Soulan en busca de una farmacia para comprar anti-inflamatorio y crema. Chema tiene la rodilla totalmente hinchada. Bajamos al pueblo dejándonos caer puerto abajo y aprovechamos para tomar un buen desayuno en una panadería del pueblo. Una barra de pan llena de mantequilla y mermelada, una napolitana de chocolate, un zumo y un café. Además nos llevamos varias napolitanas para emergencias, con la intención de no pasar hambre como el resto de días.

Boulangerie l’Épi d’Aure Ravenel

Saint Lary Soulan es relativamente grande en comparación con los pueblos de ayer. Por suerte, además de la farmacia, también encontramos un taller de bicis para que Chema compre cámaras para su llanta de perfil. Ha sido una parada larga pero necesaria. Después de rodar un poco, vamos a por Ancizan, un puerto de carretera estrecha pero llena de vegetación. A mitad de subida, sobre el km. 5 de ascenso, tenemos que parar por un pinchazo de Chema (si antes compramos repuestos…)

Se está llenando el cupo de cosas inevitables que no quieres que pasen. Momento absoluto de crisis. Además, nos adelantan todos los que pudimos adelantar el día anterior. La rodilla va a peor y se está haciendo verdaderamente duro. Parece que ha llegado el momento de decir adiós a la Transpyrenees. Chema llama a un familiar para que suba a recogerlo (desde Málaga por AVE y después en coche). Si, parece que esto se ha acabado.

Él insiste en que yo siga, pero soy incapaz de dejarlo tirado en medio de un puerto, pinchado y con una rodilla inflamada. Así son las aventuras en pareja. Sé que él no me dejaría ahí tirado. Quizás este es el momento en el que yo mejor me encuentro de todos y él en el peor. En la etapa.1 fue justo al contrario, yo estaba en el barro y él, a pleno rendimiento.

Como hay que pasar al otro lado del valle, a duras penas terminamos de coronar los más de 10km a casi el 8% de media. Es un puerto duro. Estamos arriba. Hay unas vistas espectaculares de toda la zona, algo bueno tiene que tener subir un puerto tan duro.

Foto central: jlbcyclingpics

Nos abrigamos y nos dejamos caer, en silencio y sin mucho ánimo, hasta los pies del Tourmalet. Estamos en Saint Marie de Campan. Paramos, llenamos agua, tomamos una Coca Cola en el bar (total, ya no hay prisa) y pensamos.

Hasta la cima del Tourmalet hay 17km al 7,3% de media. Quizás, si hubiera sido otro puerto, ahí hubiera terminado nuestra carrera. Buscaríamos un bus que nos llevase a algún pueblo con estación de tren para volver a casa o lo más cerca posible de la persona que viene a buscarnos. Pero claro, es el Tourmalet. Y ya que estás aquí, por muy jodido que vayas, ¿cómo no lo vas a subir? Siendo consecuente, le digo a Chema que la rodilla está para tratarla y no hacer más km. Soy preparador físico y debo ser claro. También soy deportista y sé que en estas situaciones es muy complicado decir adiós cuando te encuentras física y psicológicamente bien, pero hay algo que no te deja seguir, en este caso, la rodilla.

Chema sigue. No se rinde. Iniciamos el ascenso al puerto de los puertos, el Tourmalet. Es mediodía y estamos a algo más de treinta grados. Soy de Murcia, ¿dónde está el problema? El Tourmalet no tiene grandes curvas de herradura ni descansos, solo es subir y subir. Vamos bien, buen ritmo, sin parar, sin relajarnos, pero sin pasarnos de fuerza. A falta de 5km es cuando disfrutamos de las mejores vistas de esta parte del valle. Además, no paramos de ver coches, motos y otros ciclistas subiendo. Veníamos de subir puertos totalmente solos, con vacas a los lados de la carretera o con otros corredores de la carrera y la verdad que, ver tanta gente, motiva mucho. Se está haciendo largo pero es un puerto que conozco también de las carreras y la historia que tiene que lo estoy gozando. Ya casi lo tenemos. Faltan 500 metros para coronar y me aparece ese escalofrío que te dice: chaval, atento que esto es importante. Deja de pensar en molestias y problemas, que estás subiendo el Tourmalet. ¡¡El p*to Tourmalet!! Ya llegará el invierno y el Collado Bermejo para tener la cabeza en otra cosa. ¡¡Estoy muy feliz!!

500 metros antes de conquistar el Tourmalet.

Son las dos de la tarde. Ibamos a parar hace dos puertos. Y aquí estamos. En el Tourmalet. Después de casi 600km. De más de 20 puertos de montaña. Después de pasar hambre. De dormirme encima de la bici. De una rodilla inflamada. De lagrimas. De más lágrimas. De llamadas para volver a casa. De tirar la etapa a la mierda. De no darnos por vencidos. De seguir luchando. De esconder el dolor. Después de todo eso, llegan los 20 segundos de satisfacción. La misma que tienes justo antes de cruzar una línea de meta. La de que todo ha merecido la pena. 20 segundos. Después de 3 días de altibajos. 20 segundos. Merece la pena.

Flipando en el Tourmalet. Volveré

“En el proceso de conseguir tus sueños y objetivos está la felicidad.”

Dibujo: El noveno corredor. Proyecto recolección. https://proyectorecoleccion.com/2019/09/10/tourmalet-la-cima/

Petamos en móvil con las fotos de rigor, uno no sube aquí todos los días. Aunque hace calor, nos ponemos el cortavientos y bajamos dirección Luz Saint Souveur. Aquí, entramos en un Carrefour express y compramos pan y embutido más provisiones. Coincidimos con Jose, otro ciclista que viene de Almería, que hace lo mismo.

Después de descansar un poco, decidimos subir Luz Ardiden. Un puerto espectacular, que se sube y baja por la misma zona. Luz Ardiden tiene el asfalto completamente nuevo, curvas de herradura para regalar y disfrutar. Si le añadimos las vistas de los últimos kilómetros, se sube solo. Chema va mejor, se nota cuando le hace efecto el antiinflamatorio, porque vuelve a ser el ciclista fuerte y ágil de la primera y segunda etapa.

Luz Ardiden. Foto de Col Colection.

Estamos contentos. Estamos en lo alto del cuarto puerto del día. Íbamos a parar el Val Louron. Y seguimos. Después Ancizan. Y seguimos. Más tarde el Tourmalet. Y ahora Luz Ardiden. No es la etapa de nuestros sueños pero hemos salvado un match ball importante.

Sin tanta euforia como los primeros días, pero sabiendo que llevamos muchísimos kilómetros encima, que estamos cada vez más cerca de San Sebastian, bajamos dirección Pierrefitte (muy cerca de Lourdes). El día no da para más. Gracias a mi familia, que nos han ayudado para conseguir el hotel, dormimos bajo techo, algo que no estaba tan claro esta mañana.

El día ha sido muy largo y solo nos apetece dormir. En el hotel aprovechamos el radiador del baño para lavar y secar maillot, culotte y camisetas de interior. Hemos pasado el día más duro encima de la bici y mañana saldremos limpios, where is the Problem?

Son las diez de la noche de nuestro tercer día. Llevamos más de 600 km. y 25 puertos ascendidos. Mañana más.

Etapa 4: Pierrefitte – Isaba : 168 km. 4.610 +

Son las 5 de la mañana. Tenemos la ropa limpia. Parece que vamos de estreno. Me encuentro bien y las sensaciones son buenas. Mi único pero es que llevo los dedos de las manos totalmente dormidos. El meñique y el anular, probablemente de la presión en las bajadas o las horas con la misma posición en la bici. De momento, es solo un hormigueo pero puedo moverlos bien, a ver como pasamos el día. Chema con el antiinflamatorio va mejor pero está claro que cuando se pase el efecto volverá a molestar.

Desayunamos medio bocadillo y unos kitkat mientras preparamos la mochila en la habitación. No me entra nada más. Sé que es poco y que estoy vacío, pero ahora mismo no puedo hacer nada.

Para esta cuarta tenemos varias opciones. Si todo va mal, pararemos antes o después del Marie Blanque, sobre el km. 120. Si todo va relativamente bien, pararemos en Isaba, sobre el km. 170, una vez que bajemos de La Pierre de St. Martin. Si todo fuese muy bien, podemos llegar a Larrau, aunque esto está casi descartado, sería mucho desnivel. Pero bueno, vamos a dar pedales que es a lo que hemos venido, el día nos dirá hasta donde llegamos.

Salimos del pueblo y a los 5km estamos en Argelès-Gazost para iniciar la subida a Spandelles, un puerto de 15km. al 6% de desnivel con una carretera tanto de subida como de bajada en mal estado. Es un puerto bonito pero no muy recomendable. Después de subir y bajar, enlazamos directamente con Soulor, un puerto mítico de los Pirineos con unas vistas espectaculares. En pleno ascenso coincidimos con otros ciclistas de las ruta, nos animamos y bromeamos sobre la ruta. Chema llega antes que yo a la cima y nos disponemos a ir a por el tercer puerto del día: Aubisque. Rápidamente bajamos y enlazamos con los pocos km. que hay de conexión entre uno y otro. Estamos a 1.700 metros de altitud y esta zona es espectacular. Las imágenes del Le Tour que he visto desde casa no hacen justicia a las vistas que tenemos.

Soulor. Foto: Transibérica

Conseguimos coronar Aubisque y ahora mismo me noto cansado. He desayunado poco. Aprovecho mientras nos abrigarnos para comer una barrita y solo pensamos en parar en Lauruns.

Las grandes bicis del Aubisque. Paraíso ciclista.

Una bajada rápida y ya estamos en Lauruns. 70km. 2710+. Una auténtica barbaridad para ser el cuarto día. Creo que nunca había hecho tanto desnivel en tan pocos km. Necesito parar.

Coincidimos con Mike en la panadería del pueblo. Recargamos bocadillos, napolitanas, cocacola… puede que te parezca mucho, pero piensa que estamos consumiendo una media de 6.000 calorías al día. Y créeme que ingerir más de esas calorías, es complicado. Este es mi segundo momento de desahogo. Coincide con la llamada de mi padre y mi hermana, apenas puedo hablar porque no paro de llorar, imagino, por el cansancio y tantas emociones juntas. Estoy totalmente vacío y aunque voy bien psicológicamente, me doy cuenta que no estoy encontrando el punto de motivación extra que se necesita para pedalear más de 15 horas cada día. A veces, las llamadas pueden ser en el mejor o peor momento. A mí me vino muy bien. Fue como una división de la etapa. Ya hemos pasado tres puertos muy duros y estamos descansando y comiendo. ¡Vamos a por más! De aquí no paramos hasta la hora de dormir, pienso mientras termino el helado (mi salvavidas).

Bakery Chatron Laruns

Dejamos Lauruns para subir el Marie Blanque por la cara contraria a la que hace unos días subieron el Tour. Junto al Tourmalet, es uno de los puertos que más me apetece hacer. Este es mucho más corto que los grandes colosos, pero es espectacular. Los 11km a algo más del 5% permiten disfrutar de las vistas y las grandes montañas de alrededor. A nuestra espalda queda Soulor y Aubisque, vaya día llevamos.

Aunque antes no lo he mencionado, es un gustazo subir los puertos con los carteles, kilómetro a kilómetro, de la distancia hasta coronar, pendiente media y máxima de cada km. También estaba en Velefique (Almeria) cuando lo subimos en agosto, pero ni en grandes puertos como Sierra Nevada ni los de mi zona (Collado Bermejo, Cresta del Gallo) tienes esa información. Una inversión mínima que da ese espíritu ciclista al puerto.

Aunque la mayoría de carreteras tenían este verde tan característico, donde más disfrute del paisaje fue aquí.

Sin duda, el puerto del día va a ser La Pierre de Saint Martin: 25km al 6%. Un puerto de más de 1.300 metros de desnivel y de los más largos junto al Col de Jau del primer día. Antes de llegar allí tenemos que pasar el Col de Ichere. Para ello, bajamos de Marie Blanque y con unos km. de nacional hacia abajo enlazamos con este puerto, corto, duro y bonito. Ya llevamos media subida y, por sorpresa, nos encontramos con dos miembros de la organización, David y Azahara, que nos animan y tiran alguna foto.

Corono arriba y por detrás viene Chema y Borja. Tengo que esperarlos abajo porque aquí arriba están de obras y no me permiten parar. Nada más iniciar el ascenso a La Pierre de Saint Martin aparecen ambos ¡Qué alegría!

Empezamos a subir tranquilos, intentando llevar un ritmo controlado pero sin dejar que nos coma el tiempo. Justo antes de mitad de puerto paramos, necesitan darle un descanso a la pierna. Los puertos tan largos son complicados de gestionar cuando llevas molestias, sobrecargas o dolor como es este caso. En mi opinión, se está haciendo lo que mejor se puede, intentamos ir activos mientras pedaleamos y descansar parando y aprovechar para comer, porque ir muy lento sirve cuando vas bien y cómodo, pero no cuando vas jodido.

Borja y Chema en plena merienda.

Reanudamos la marcha y enlazamos esta carretera con la nacional que lleva al final del puerto, quedarán unos 5km de los 25km que tiene. Esta parte me recuerda mucho a Sierra Nevada; una carretera muy ancha con unas vistas del mar de nubes espectaculares. Me doy cuenta que ¡estoy disfrutando de verdad! Los kilómetros caen solos y me encuentro con muy buenas sensaciones. Las vistas son una pasada.

El mar de nubes kilométrico (foto derecha) que disfrutamos durante el ascenso.

¡Menuda subida! Llego arriba con Chema y un poquito después Borja. Nos abrigamos bien porque tenemos que descender y atravesar las nubes que antes subimos. Sin viento, y con unas vistas espectaculares, disfrutamos de la bajada hasta Isaba. Estoy realmente contento. Sólo espero que Chema pueda aguantar mañana, porque no me imagino después de tanto esfuerzo, no llegar a meta juntos.

Foto: Sergio Morchón. Curva de bajada dirección Isaba.

Una vez en Isaba, compramos provisiones en un supermercado y cenamos en un bar del pueblo. Tenemos muy buenas sensaciones los dos y decidimos seguir hasta Larrau, dos puertos más. Pero, me ababa de dar cuenta de que he perdido la luz frontal y que los Garmin y el teléfono va casi sin batería. Mientras cenamos, ponemos a cargar los powerbank pero no es suficiente, ya que la siguiente parada son algo más de dos horas. Después de casi 5000 metros de ascenso hoy, en un día muy largo pero muy gratificante, decidimos terminar aquí.

Encontramos un albergue gracias a la recomendación de Fernando Sanchoyarto, otro ciclista que va en modalidad parejas. Curiosamente, perdí mi luz en Col de Lers (etapa 2) y Fernando, que venía detrás, la encontró. Me enteré días después gracias al grupo de Facebook y en los próximos días me la enviará ¡¡gracias Fernando!! Y siento que hayas cargado dos días con ese extra de peso, solo por solidaridad.

Entramos al Albergue y nos dan una habitación para los tres. Toca ducha larga y descanso. Allí coincidimos con muchos ciclistas de la prueba y casi todos tienen intención de hacer dos días más. Nosotros lo tenemos claro: mañana noche dormimos en San Sebastián.

Etapa 5: Isaba – San Sebastián : 226 km. 5425 +

No sé muy bien qué hora es. Al lado de la cama hay un par de KitKat y una napolitana. La ropa está al otro lado. Es el quinto día que vamos a llevar el mismo Maillot (2 veces lavado) y el culotte (1 vez lavado). Sólo quiero llegar a San Sebastián para ver a Elena. Para no volver a ponerme licra en un tiempo. Para darle un abrazo a Chema. Para tomarnos una cerveza. Para decir que no volveremos a hacer locuras de estas como decimos cada vez que llegamos a meta. Para dar las gracias a mi familia por todo el apoyo durante la prueba. Para desayunar en un bar sin prisa. Quedan 226 kilómetros para que sea posible. Modo competición activado.

Nos vestimos a nuestro ritmo y preparamos mochilas. El puerto del día es Lazar. Aun es de noche y vamos abrigados. Estamos subiendo fácil y a buen ritmo. Al poco de coronar iniciamos la bajada y en menos de cinco minutos estamos a pie de puerto, vamos a por Larrau, un puerto factible. Subimos rápido y fuerte, tanto que Chema tiene que esperarme un poco arriba. Una vez cruzado el túnel se acaba la ascensión, al alba, que coincidencia.

Volvemos a disfrutar del mar de nubes que tendremos que atravesar. Está siendo un regalo para la vista. Quizás el primer día fue igual de bonito, pero no pude disfrutarlo. Al igual que el día anterior en La Pierre de St Martin, este tipo de escenas me encantan. Los paisajes son inspiradores, la cabeza desconecta de cualquier tipo de dolor, es un momento de placer inmenso. Los 20 segundos del Tourmalet. Los 20 segundos de La Pierre de St. Martin y estos 20 segundos. 5 días por 60 segundos de pura inspiración. Merece la pena.

Foto: Clementine
Foto: Leireunzueta

Según me cuenta Chema, muchos ciclistas consideran la vertiente por la que estamos bajando, el puerto más duro de los Pirineos. Cuando llevamos un par de kilómetros lo entiendo, menudas rampas. La bici va casi sin pastilla de freno y le cuesta reducir velocidad. Descendemos hasta Larrau, recargamos agua mientras despiertan los vecinos del pueblo y aprovechamos para buscar una cafetería que teníamos marcada, pero está cerrada, qué raro.

Decidimos no perder mucho más tiempo y nos disponemos a subir Bagargi. Es muy fácil describir este puerto, quizás porque lo teníamos marcado como uno de los más duros de toda la ruta, parece que lo conocemos de memoria y quizás, por eso, no lo vemos tan complicado: 14km con 4km al 10%, 12,7%, 11,4% y 11,9%. El resto de kilómetros rondan el 8% con rampas desde el 14% al 16%.

Bagargi. Foto: Transibérica

Coronamos bien y llevamos un ritmo muy bueno para haber subido ya tres puertos. Este último he de reconocer que se ha hecho bola al final, pero da igual, solo pienso en el siguiente. Estamos arriba y hay un bar que nos rellena agua amablemente. Miramos el track y sin pensarlo mucho, nos lanzamos para abajo.

Tras el descenso y un pequeño acercamiento por la nacional, subimos Artaburu realmente bien. Cuarto puerto del día conquistado. No queremos parar, el ritmo es bueno y estamos a media mañana aun. En la bajada, giramos a la izquierda para subir el Col de Arnostegi. En este puerto no tengo referencias de desnivel y porcentajes, ya que la ascensión más popular es al contrario. Por el perfil del track se prevé duro. Kilómetro a kilómetro, vamos bien. Iniciamos la subida y nos adelantan Paco y Benito, dos ultraciclistas con los que coincidimos los días previos y a final de dos etapas. Acabarían llegando terceros y nosotros cuartos a unos 40 minutos. Como anécdota, ya que no teníamos como objetivo ningún puesto en la clasificación.

Van más rápido que nosotros y no conocemos el puerto, que encima, está resultando ser muy duro. Aquí lo paso mal pero no paro. Una vez arriba, nos fijamos: acabamos de subir 18 km. de puerto con rampas por encima del 10% en cada kilómetro. Es el único puerto que voy a poner la altimetría, como recuerdo:

Nos habíamos puesto como objetivo llegar entre las 14:00 y las 15:00 a Saint Jean Pied de Port (donde muchos peregrinos inician el Camino De Santiago) lo hacemos justo a las 14:30. Esto pinta muy bien. Momento perfecto para parar a comer los bocadillos que llevábamos como provisión de la etapa anterior. En ese momento aparece Mike, con el que compartimos coca-cola, helado y crepe de chocolate. (no realfooding days).

Chema y Mike en la parada al helado y crepe.

Nos ponemos en marcha tras algo menos de una hora de parada. En Saint Etienne de Baigorry Chema compra antiinflamatorio para asegurar la llegada a meta lo mejor posible. Le digo lo que pienso: me parece un luchador y un compañero excepcional. Porque por mucho que se tuerzan las cosas, a pesar de tener un dolor y una inflamación brutal en su rodilla, no ha tenido ni un mal gesto, ni una mala cara, ni una mala palabra hacia mí, ni hacia la carrera, en ningún momento. Y esa es la actitud de las grandes personas. Y sinceramente, por esto también ha merecido la pena. Necesitaba rodearme de gente así, que trata a las cosas por su nombre, que no vende épica, que hace más que dice, que no se queja y sobretodo, que en todo momento, sabe que lo que está haciendo, lo hace por placer. Nadie nos obliga a ir en bici, ni a pagar una inscripción o llenarnos de bártulos. Tampoco a recorrer media España para tomar la salida y sin embargo, lo hacemos. Lo que pasa desde la salida hasta la meta es un aprendizaje continuo y pasado un tiempo nos daremos cuenta de cuánto ha merecido la pena. Por eso, siempre que puedas, rodéate de gente que no se queje ni venda épica, que haga las cosas por puro disfrute, por muy cuesta arriba que se ponga la pendiente.

Nos ponemos en marcha de nuevo. Vamos entrando en territorio español para subir Izpegi y Otxondo, puertos con un 6% de media donde me estoy encontrando realmente bien. La cadencia no es muy alta pero puedo ir relativamente rápido para llevar más de 800 km. acumulados. Estoy en modo competición total. No quiero parar, me siento bien y Chema está en ese mismo estado. Creo que este día ha sido el que más compenetrados hemos estado, especialmente desde la parada para comer hasta meta. Acabamos de coronar Otxondo y bajamos por una nacional muy amplia sin curvas complicadas, de aquí nos adentramos en la nacional que nos llevará hasta Irún y San Sebastián. Mientras, seguimos cruzando pueblos conocidos.

En Zugarramurrdi rellenamos bidones y sabemos que lo tenemos hecho, aun queda batalla, pero si seguimos así, en vez de madrugada llegaremos sobre las 23:00 de la noche. Nos abrazamos y ambos decimos lo mismo: repetiría la Transpyrenees contigo. Hoy está siendo un día muy emotivo. Sinceramente, no creo que protagonicemos una escena en la meta tipo llorando o cosas así. Quizá porque somos algo tímidos o quizá porque nos hemos dejado las emociones, positivas y negativas, por el camino. Hemos disfrutado de muchas metas, como ahora en Zugarramurdi en una fuente recargando agua, o ayer cuando a Chema se le cruzó un caballo subiendo Marie Blanque cuando más jodido iba y no podíamos pasar. También fue otra meta subir Peyresourde de noche, todo lo contrario a lo esperado. O el desayuno con la familia de Barcelona en el pueblo de Roquefort. Han sido tantas vivencias que la meta será el descanso físico y mental, pero el premio ya lo tenemos.

Emociones fuera, señores, que aun queda. Seguimos en ruta. Estamos atravesando una larga carretera nacional y ascendemos hacia San Marcial. Lo subo bien detrás de Chema, que va como una moto. Nada más coronar nos ponemos chubasquero que empieza a chispear. Ya casi de noche y con una niebla brutal nos vamos acercando a San Sebastián. Esto se está acabando. Mi gps se para y no sé qué km es, pero empiezo a ver carteles de Jaizkibel y estoy realmente feliz. Muy feliz. Es el último puerto, 40 de 40. Lo estamos subiendo sin hablar demasiado, creo que disfrutando y sufriendo a la vez. Pensando en estos días de locos que hemos pasado. La niebla no nos deja ver mucho y nos llevamos un susto tremendo cuando nos encontramos con una vaca gigante al lado nuestro en la carretera, menos mal que no se inmuta, porque daría vergüenza contar que no terminamos la carrera porque cuando faltaban 5km nos tiró una vaca. Ya se ve el cartel de Jaizkibel. En el alto del puerto queda la emboscada final de 1 o 2 km. ni lo recuerdo, un camino de cabras con una niebla impresionante. Allí llegamos y allí estaba Elena ¡gracias, gracias y gracias! Qué duro se ha hecho. Podemos parar el crono después de 5 días y 1 hora. Pero, esto no ha terminado.

Aquí termina el tiempo oficial, ahora queda bajar a la playa de Zurriola para llegar a meta y recoger la medalla de finisher. Allí se acaba todo. Ya voy totalmente sin luz y sin frenos, pero queda el último puerto y me da igual. Las manos siguen dormidas desde el día del Tourmalet, pero ahora solo pienso en llegar a San Sebastián. Una vez que terminamos la bajada, casi sin tráfico, rodamos tranquilos por la ciudad. Llegamos. Nos reciben los tres miembros de la organización; Carlos, David y Azahara y por supuesto, Elena. Sinceramente, estaba deseando que llegara este momento.

OBJETIVO CONSEGUIDO: ¡ FINISHER !

5 días 1 hora. 1.027 km. 27.000 +

Recogemos la medalla de finisher. Charlamos un rato y nos vamos hacia el coche. No hay lágrimas, ni abrazos efusivos ni demasiada épica. Esta prueba se ha cocido a fuego lento durante 5 días y se ha ido celebrando durante cada día y cada puerto. Durante cada comida compartida y noches roncando. Curiosamente, mientras escribo esto, me doy cuenta de que echo de menos charlar con Chema mientras rodamos. ¿Qué deparará el futuro?

Medalla de finisher y gorra – dorsal de la prueba.

Gracias a todos los que me escribisteis, llamasteis y seguisteis durante la prueba. De verdad, que ni por asomo pensaba que habría tanta gente siguiéndonos. Gracias Chema por ayudarme a llegar a San Sebastian. Si no es por ti, no habría terminado. Gracias infinitas a mi familia y Elena, por el apoyo continuo y el ánimo antes, durante y después. ¡soy un privilegiado!

Por último, gracias a la organización por crear esta locura, y a todos los ciclistas que conocí durante la prueba y que nos ayudaron y animaron en algún momento, en estos más de 1.000 km: Borja, Igor, Enekoitz, José, Jaume, Francisco, Mike, Emilio, Paco, Benito…

¡Conseguido!
Al día siguiente, paseando por El Peine de Los Vientos.
La tarta de queso del Restaurante La Viña.

Nota personal:

El pasado domingo, mientras escribía esta crónica, nos comunicaron el fallecimiento de Josep Martinez Polo. Conocí a Josep en 2012 al entrar a la universidad, compañero y amigo de mi hermana Helena. Desde ese momento, estuvo entrenando conmigo para preparar entre otras cosas la maratón de Barcelona y otras aventuras. Tras casi tres temporadas dejamos el entrenamiento a un lado y quedábamos para algún café y posponíamos la quedada en Elche con Andrés Torrubia.

Siempre admiré a Josep porque hacía mucho más de lo que decía, algo no muy común. Tanto la Transpyrenees como la marcha de Josep demuestran que no hay que dejar cosas para después, que no esperes a estar preparado del todo para hacer cualquier cosa de la vida y sobretodo, que la alegría es un buen motor para los días chungos.

Un abrazo, Jose.

“Cuando tienes que demostrar algo, no eres libre.”

Edith Eger
Contacto

Jose Antonio Martinez.

Murcia.

josemartineztrainer@gmail.com

josemartineztrainer

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