Crónica Transvulcania 2016

La Transvulcania es, probablemente, la carrera de trail running más espectacular de Europa, por la belleza y dureza de su recorrido, el ambiente que se respira durante la prueba y la cantidad de público que acompaña a los corredores durante todo el evento.  Es sin duda, una experiencia única.

En primer lugar, gracias a las personas que nos acompañaron durante este viaje: Elena, Rosa, Ismael, Ambit.  En segundo lugar, muchas gracias a todas las personas que han estado pendiente de Ismael y un servidor durante la prueba. Es imposible devolver toda la energía positiva que nos enviasteis.

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Feria del corredor en Los LLanos, al lado de meta

Como entrenador, estoy muy orgulloso de tener a Ismael entre los míos. El proceso desde el primer entrenamiento hasta ahora no ha sido fácil, él lo sabe, pero gracias a su constancia y sus ganas, consiguió lo más importante, estar en la línea de salida de una prueba tan dura con la seguridad de ir preparado.

Activación el día antes reconociendo el circuito
Activación el día antes reconociendo parte del circuito

En unas semanas realizaremos una pequeña guía de viaje, desde recomendaciones y post que nos han servido para organizar nuestra Transvulcania hasta nuestra hoja de ruta, que seguro viene bien a más de uno el año que viene. Por eso, hoy solo me centro en el día de la prueba.

LA CARRERA

Perfil de los 76km
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Recorrido del UltraTrail

Para la prueba diseñamos cuatro grandes bloques en el recorrido:

  1. Desde la salida hasta Las Deseadas, subiendo 17km y ascendiendo casi 1900 metros de altitud.
  2. Bajada hasta El Reventón, pasando los 30km de carrera.
  3. Desde el Reventón hasta el punto más alto de la prueba, El Roque de Los Muchachos, 52km y casi 2500 metros de altitud.
  4. Desde el Roque hasta meta, uniendo los últimos 5km hasta Los LLanos.
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Llegando a la zona de salida sobre las 05:00
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Momentos previos a la salida

La salida es a las 06:00 de la mañana a nivel del mar, desde el Faro de Fuencaliente. Mientras esperamos la cuenta atrás reinicio el móvil para buscar cobertura y activar la APP de seguimiento, pero con los nervios no recuerdo el pin y lo bloqueo. Soy consciente de que se lo acabo de poner muy difícil a los acompañantes y la gente que está en casa, pero prefiero no pensar mucho y buscar una solución lo antes posible.

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Foto: Cano Sport

Somos 1.400 corredores y pagamos la novatada. A pesar de colocarnos en mitad de grupo, cuando se da la salida nos pasan corredores por todos lados, según el chip, empezamos la carrera en la posición 1.350 de 1400. El problema viene nada más girar el faro, a 300 metros cuando empieza la subida nos quedamos cortados debido a la aglomeración de corredores. Una senda muy estrecha y con un desnivel considerable hace que los corredores bajen el ritmo hasta tal punto que tardamos 41 minutos en realizar tan solo 2km. ¡Desesperante!

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Foto: Cano Sport
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Foto: Jordi Saragossa / Salomon

Hasta el km.7, Los Canarios, podemos correr un par de veces que nos permiten quitarnos la espinita y adelantar a algún corredor, pero al ser aun de noche, con el sendero de arena volcánica apenas se puede correr sin molestar al que va delante.

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Concentrado mirando el terreno
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Foto: Jordi Saragossa / Salomon

Subimos, subimos y subimos hasta llegar al último zigzag de unos 300 metros antes de Los Canarios. Es una senda estrecha que no permite adelantar, llevo mucha gente delante y detrás, decido ponerme el iPod y no pensar demasiado en lo que vendrá. De repente, dejo de oir la música, como si se hubiera parado, pero nada de eso. Quedan 15 metros para terminar la subida y un montón de palmeros nos hacen una fila para que pasemos mientras animan gritando, coreando nuestro nombre o dando ánimos. Son las 7 de la mañana, hace frío y es fin de semana. Esta gente lleva más de una hora animando sin parar, sienten la carrera y te tratan como un héroe. Esto es algo inolvidable.

Nos queda una pendiente bastante pronunciada de 100 metros, aprovechamos para comer media barrita e hidratarnos en el avituallamiento. Tras esto, sacamos bastones, terminamos de comer, orinamos y nos mentalizamos para encarar la subida hasta Las Deseadas.

Aquí pasa más de lo mismo y es algo que me cabrea, aunque nadie tiene culpa, todos somos responsables. La subida es muy dura y muy larga, si las primeras 300-500 personas (quitando élite) no tienen ganas de correr o fisicamente no están preparados se produce un tapón. Ese tapón hace que los demás nos retrasemos e incluso haya tramos que estemos parados. Es fácil pensar que se puede adelantar por un lado u otro. Y es cierto, pero a 1, 2 o 30 corredores, no a 600. En ese momento pensamos que nos puede venir bien para afrontar más descansados el resto de kilómetros, pero nada más lejos de la realidad.

Evito seguir pensando en esto. Seguimos marchando hasta el siguiente avituallamiento, Las Deseadas. El recorrido es espectacular, hemos salido de noche, vemos amanecer y ahora superamos las nubes ¿Qué más puedo pedir?

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Foto: Fotos aéreas de Canarias
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Un respiro entre tanto desnivel antes de llegar a Las Desesadas
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Corriendo junto a Ismael

La subida se hace interminable pero las vistas son espectaculares. Es brutal la sensación de salir desde el mar y sobrepasar las nubes. He corrido muchas carreras pero la sensación de ir por la cresta de una montaña y mirar a un lado y ver una pendiente que baja hasta el mar y por el otro, ver como la niebla consume los grandes pinos hasta convertirse la montaña solo en arena y piedra te deja una sensación impresionante.

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Skyrunning (nunca mejor dicho)

Por fin terminamos el primer bloque, llegamos a Las Deseadas (y tanto), nos avituallamos con agua, sales y aquarius y continuamos la última subida antes de bajar al refugio del Pilar.

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Foto: M@rtin. Subida postavituallamiento
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Foto: Philipp Reiter

La bajada al Pilar es cómoda, el terreno permite adelantar a algunos corredores y disfrutar de las vistas. Una fina lluvia nos acompaña por los senderos que nos llevan hasta el refugio. La vegetación es abundante y hacen que correr por aquí sea una delicia.

Llegamos al Pilar en 4 horas. 24km es demasiado tiempo aunque sea en subida. Allí vemos a Elena, Rosa y Ambit que nos esperan con parte de nuestra comida. Aprovechamos para comer fruta, chucherias y sandwich salados en el avituallamiento. El refugio está lleno de gente que no para de animar. También, coincide con la meta de la media maratón, algo que lo hace más atractivo si cabe.

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Pasando por la alfombra roja de los 24k
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Bromeando mientras terminamos el avituallamiento

Hay carreras que las disfrutas corriendo con mucha gente, con ritmos rápidos, con pulsaciones altas, arriesgando. Esta no, esta yo la disfruto sintiendo la naturaleza, buscando la soledad en la alta montaña, dejándote llevar por los contrastes que ofrece el recorrido y disfrutando del público y acompañantes en los sitios clave. La idea era hacer un buen tiempo, pero después del tiempo perdido en salida olvido el crono y solo pienso que muy probablemente sea la última vez que me ponga este dorsal, por tanto, mejor disfruto el paisaje y ya apretaré los dientes cuando pueda ser competitivo.

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Saliendo con ganas de devorar kilómetros

Desde el Pilar continuamos la marcha hasta El Reventón. Empezamos con un falso llano de subida por una pista forestal con unas vistas brutales. Esta parte nos suena más ya que es la zona por la que corrimos el día antes para activar el organismo. Tras unos minutos comienza una bajada fácil para llegar a El Reventón. Acabamos de pasar los 31km y hemos conseguido el segundo objetivo.

Aunque nos acompaña la lluvia, nos obligamos a hidratarnos, tomar las sales y comer otra media barrita. Estoy disfrutando porque una de las peores cosas que llevo en pruebas de larga distancia es la alimentación. Generalmente se me cierra el estómago y no me entra nada. Hoy sin embargo, todo me cae bien, hasta me apetece comer.

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Ismael delante, sacando barritas y sales

En este avituallamiento adelantamos a varios corredores que están sentados o no tienen prisa en llegar al siguiente punto. Nosotros vamos bastante bien. Ismael está en perfectas condiciones y yo casi igual, la frecuencia cardiaca está estable según lo previsto, la percepción de esfuerzo no es alta y las sensaciones son buenas para llevar más de 30 kilómetros. El único inconveniente son los pies. Los noto calientes y a veces siento que se duermen. Decido no darle importancia, son cosas del directo, me digo a mi mismo.

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Foto: Philipp Reiter

Caminamos y empezamos a trotar una vez pasado El Reventón. Está a más de 1400 metros de altitud y el siguiente punto es el Pico de la Nieve a 2.040 metros de altitud. Sabemos que la subida se va hacer dura pero vamos con precaución. De nuevo, la senda se hace pequeña y nos quedamos algo cortados. En ese momento, varios corredores comentan que van bien para entrar en el corte. ¿Corte? ¿Qué corte? ¡El de las 10 horas del Roque!

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Foto: Pppedroperez

Me quedo de piedra. He leído el reglamento pero no me he percatado de eso. Estamos llegando al Pico de la Nieve y llevamos unas 7 horas. El ritmo no ha sido alto, pero son varias horas de actividad física moderada. Hago cálculos estimando el perfil: ¡NO LLEGO!.

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Foto: Jordi Saragossa / Salomon. El Roque de Los muchachos al fondo

Me miro el brazo con el perfil. Calculo tiempo, distancia y desnivel siendo optimista. No llego. La acabo de liar muy gorda. El parón de salida nos hubiera venido muy bien. El no recrearnos demasiado en los avituallamientos, también. Ahora es tarde. Tengo una sensación muy rara en todo el cuerpo, no me  he venido abajo del todo ni quiero decirle nada a Ismael aun, pero creo que nos vamos para casa con cara de tontos.

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Calcamonia con el perfil y avituallamientos

Seguimos subiendo hasta cruzar nuestro camino con el punto médico, donde nos rellenan agua y nos dan ánimos. Hasta aquí ha subido gente para animarnos, qué locura. De camino al Pico de La Nieve nos distanciamos un poco. Le digo a Ismael que tire él pero me va esperando.

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Las nubes al fondo

Cuando llegamos al avituallamiento bebo rápidamente y tiro para arriba mientras él tarda algo más. Quedamos en vernos en unos metros mientras empiezo a subir una especie de cortafuegos. De repente, me veo solo, subiendo, con la sensación de estar fuera de hora y los pies muy calientes. ¿Cuando ha cambiado esto? Me derrumbo y lloro. Con cara de tonto y llorica. Vaya cuadro.

No sé muy bien qué hacer, llorar y seguir subiendo, tampoco tengo muchas más opciones.

Una vez subido el repecho nos volvemos a unir Ismael y yo. Le digo que no llegamos al corte, que tire él, que va muy bien y que por lo menos entre uno. Esta vez si me hace caso y se adelanta, va sobrado.

Yo, no tanto. No he venido tan preparado como pretendía, tampoco tan mal como imaginaba. Estaba contento con mi actuación hasta ese momento, pero todo se ha torcido. No queda otra que seguir hasta el siguiente avituallamiento y volver a hacer números. Empiezo a trotar algo más rápido cuando el terreno deja, en las subidas me ayudo de los bastones mientras ando porque es inviable correr.

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Foto: VanMarty / Caldera de Taburiente

En el iPod ahora suena la canción de Fuel Fandango; toda la vida soñando. Es una canción que me da alas. Empiezo a creer en mis posibilidades. Hablo en voz alta: Me niego a irme de aquí sin mi medalla. Es el momento de apretar los dientes. Es el momento de no buscar excusas. Es el momento de acordarte en todos los que están contigo. Es mi momento. Corro como puedo, subo con los bastones a un ritmo muy alegre, algo inviable hace 50 metros, qué cosas tiene la mente. Llego al Pico de la Cruz. Cojo un vaso de aquarius, doy un trago y sigo. No paro. Bajamos a la carretera por un pedregal y queda el último ascenso para el Roque. Son unos 5 kilómetros con una bajada traicionera y una subida made in La Palma. No pienso, voy corriendo, no paro de adelantar a corredores, pido paso por la izquierda, por la derecha, estoy ansioso. Noto los pies muy calientes y algo húmedos, llevo muchas frenadas en seco y no estoy muy acostumbrado. Vuelvo a hablar en voz alta: en El Roque lo solucionamos. Me digo a mi mismo. Estoy en la Isla de La Palma, Canarias, un sábado, luchando por entrar dentro de un tiempo que hace unas horas ni sabía que existía, convenciéndome a mi mismo, mientras me hablo en voz alta, que el calor de los pies y los dolores que están apareciendo no son nada. No, no me pregunto qué hago aquí. Me siento afortunado. Podría estar en tantos sitios en ese momento, pero no lo cambio por nada. Bueno si, porque no existiese ese dichoso corte de las 10 horas.

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Queda una última subida hacia el observatorio. Vamos a la cúpula más alejada, ya he pasado dos y queda nada. Decido no mirar el reloj y terminar de reventar, total, pase lo que pase el objetivo es llegar arriba. Adelanto a varias personas subiendo la estrecha senda y veo muy de cerca la carpa. Suena el chip. 9 horas 45 minutos. JO-DER ¡Conseguido!

Llego con tiempo relativamente de sobra. Ismael me está esperando, sabía que llegabas sobrado, me dice. Me apoyo en los bastones y me derrumbo, vuelvo a llorar. Esta vez si que estoy destrozado. Moral y fisicamente. He dado más de lo que debía. Hemos adelantado a 540 personas en menos de 20 kilómetros. Se dice pronto.

Vuelvo en mi pasados un par de minutos. El avituallamiento está hasta arriba de corredores y voluntarios. Uno de los voluntarios me coge los bidones, los trae llenos y me trae comida. Esta amabilidad solo la he visto aquí. Da igual la posición o el dorsal que lleves, esta gente se desvive por ayudarte. La transvulcania es la mejor marca para la isla, gracias a ella hemos podido conocer el carácter de los palmeros.

Otro par de minutos más tardes nos despedimos Ismael y yo. Nos vemos en la meta, confiamos. Cuando lo pierdo de vista me siento y me descalzo. Prefiero no quitarme los calcetines, estos llevan la parte delantera llena de sangre, imagino que de las uñas. Además, saco un montón de piedrecitas y arena que me he ido clavando en los últimos kilómetros.

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Foto aérea del Roque de Los muchachos

Por un lado estoy contento y satisfecho. Llevo varios días pensando que retirarme en el Roque hubiera sido la mejor opción. Creo que no me hubiera dolido. Sentí que mi objetivo con la carrera estaba cubierto ahí. Dias después lo sigo sintiendo. La pena es que no lo hice. La pena es que decidí seguir. No lo llamaré correr, porque no pude hacerlo más de 30 segundos. Los pies ya no respetaban. La presión en los pies bajando por una zona tar mala para mi estado físico hacía que cada paso fuese un verdadero infierno.

Fue una lucha constante hasta El Time. Llegué a contar 100 personas que me adelantaban. Después 200, 300 y hasta meta 400. Mejor no pensar mucho, tenía tiempo de sobra hasta la meta por lo que no me preocupé nada. Simplemente apreté los dientes y me dejé llevar. Sufrí hasta que pude. Una vez que no pude más, el sufrimiento se convirtió en dolor. Un castigo excesivo. La suma de pequeños errores. Pequeños aleteos de mariposa. Mínimos detalles se unieron, se hicieron bola y rodaron hacia mi. Me pilló de lleno.

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Foto de Dani García del año pasado. Terreno difícil

Entre una mezcla de desilusión y desesperación, llegué al kilómetro 61. Tardé 2 horas exactas en bajar 10km. Lamentable. Por suerte, hubo unos metros de asfalto que me permitieron correr de espaldas después del avituallamiento, en el cual ni paré. No tenía sed, ni hambre, ni ganas de charlar. Me seguían pasando corredores.

Se dice pronto, pero es muy duro que encima de que no puedes correr, encima de que has pasado lo más duro, encima de que tienes que ir apoyando piedra a piedra con la ayuda de bastones para no caerte, tener que dejar cada 10 o 15 segundos paso a un corredor que baja. No es por competición, yo no iba a competir. Es por amor propio.

Estaba confiado en que la tragedia había pasado, que quedaba lo más liviano. Iluso. La bajada se convierte en piedra con saltos y raíces. La Palma no deja de sorprenderme. El desnivel se incrementa y tengo que ir esforzándome por frenar. Unos kilómetros más adelante me encuentro a Elena. Ha hecho el recorrido al contrario y ha venido a buscarme. Seguía sin móvil ni localizador. Le cuento la película, lleva unos calcetines de repuesto que me cambio inmediatamente y algo me alivian. En ese momento me veo los dedos. Tengo los bordes de las uñas negras debido a la sangre acumulada, los dedos hinchados recubriendo el doble o el triple de su espacio habitual y por debajo, están cocidos.

Ismael ha llegado ya. Menos de 13 horas y media. Estoy super orgulloso. Eso si que es un premio para mi y para él. Se lo merece.

Estamos bajando por donde sube el kilómetro vertical, casi nada. Queda el último infierno antes de afrontar los 5km desde Tazacorte hasta Los LLanos. Es un zig zag de piedra, aquí el dolor se multiplica, tengo que frenar cada paso. Me doy cuenta de que voy destrozado. Llevo casi 5 horas recorriendo algo que una persona normal hace en 2 horas y media. Voy mal.

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Le digo a Elena que me retiro en Tazacorte, esto no tiene sentido. Estoy cabreado y decepcionado con esta última parte. No me deja. Me anima una y otra vez hasta que nos separamos para entrar yo por el control. No sé por qué, sigo sin pensarlo, bebo agua y sigo adelante. No me acordaba que había quedado conmigo mismo en abandonar, menos mal.

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Entrando en el último punto de control en Tazacorte

Entramos (ella me acompaña) por el barranco de las angustias, una especie de rambla con piedra lisa y arena. Empieza a anochecer. Lo realizamos como podemos, tampoco llevo el frontal ya que lo dejé pensando que no haría falta. Con la luz del móvil iluminamos y seguimos las señales. Subimos mientras se unen tres corredores que van en grupo y nos dan luz. La subida se hace pesada pero ya se que está hecho.

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Llegamos al carril bici, la gente en la calle no para de animarnos. Le doy las gracias. Seguimos, giramos a la derecha y encaramos meta. 16 horas. Un suplicio. Estoy roto. Pero satisfecho. Estoy mal. Pero contento. Apenas puedo moverme.

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En la meta está Ismael, Ambit y Rosa. Tomamos algo mientras Elena me quita el calzado ya que no puedo ni moverme. La transvulcania se ha acabado. Somos finisher. Ya lo era en el Roque. Ahora tengo mi medalla.

Esta ha sido la prueba más bestia de mi vida. El ironman fue un paseo comparado con esto. He salido de noche y he vuelto de noche. He salido desde la playa y he subido por encima de las nubes. He corrido lloviendo y con sofocones de calor. He sorteado piedras, rocas, arena y naturaleza viva. He sentido el calor de cientos de personas. Me han hecho sentir un héroe. He disfrutado de la compañia. He disfrutado de la soledad. He tenido que cambiar el plan, el chip. He superado el umbral del esfuerzo. Y del dolor. Y todo en el mismo día. He hecho la transvulcania.

He pasado días con gente maravillosa. He tomado la decisión de volver a La Palma, pero no a correr la Transvulcania. Serán otras u otra modalidad, pero no la Transvulcania. He conseguido disfrutar y sentir la montaña como no lo hacia desde hace tiempo.

Gracias a todos.

Jose Martinez

·El momento es ahora·

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4 comentarios sobre “Crónica Transvulcania 2016

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